PROFECIA AUTOCUMPLIDA O EFECTO PIGMALION

Cuenta la mitología griega que Pigmalión era el rey de Chipre, conocido por ser un extraordinario escultor, además de un sabio y bondadoso gobernante. En su búsqueda de una esposa cuya belleza correspondiera a su ideal de perfección, desistió al no hallar ninguna joven que colmara sus expectativas. Decidió no casarse e invirtió todo su tiempo y amor en crear la más hermosa de las estatuas. Esta obra tomó forma de mujer, con el nombre de Galatea, receptora de todo el amor de Pigmalión. Narran algunas versiones de la historia que (Venus) Afrodita, diosa del amor, dio vida a la estatua, para que correspondiera al amor de Pigmalión En 1966 dos investigadores, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson llevaron a cabo un experimento, que explica a que se llama efecto pigmalión o profecía autocumplida. Se les practicó una prueba de inteligencia a niños de los cursos primero a sexto. A los maestros se les dijo que era de esperar que los alumnos que obtuvieran buenos resultados en el test, tendrían grandes avances en el transcurso del siguiente curso academico. Lo cierto es que las pruebas no podían predecir tal cosa. Ocho meses después el grupo había avanzado intelectualmente más que el resto y el cociente intelectual de los componentes del grupo había aumentado significativamente. Había una asociación entre la expectativa del profesor y el rendimiento del alumno, la expectativa de los profesores y cómo se habían relacionado con dichos alumnos, había facilitado, o sea, "estimulado", el aumento de rendimiento en ellos. De esto se deduce que, las personas que tienen expectativas positivas de sus hijos, alumnos o colaboradores (otras personas, en general), generan un clima más cálido en ese grupo. Además, entregan más información, dan mejor retroalimentación sobre los resultados alcanzados y ofrecen las mejores oportunidades. Es decir, se llama efecto Pigmalion o profecía autocumplida al hecho de que los juicios que tenemos sobre las personas, cosas, situaciones e incluso sobre nosotros mismos tiendan a convertirse en realidad (en afirmaciones). Pero ante esto, hay una cara opuesta y es cumplir las expectativas negativas que nos atribuyen. Si nos repiten que somos unos inútiles, crecen las probabilidades de que nos comportemos de manera torpe o desempeñemos labores de forma incorrecta.  Las expectativas más bajas impuestas a las personas, ya sea por los supervisores o uno mismo, conducen a un desempeño más deficiente por parte del individuo. Este efecto se ve sobre todo en ambientes educativos y de organización. Por todo ello hemos de evitar dejarnos llevar por falsa ideas preconcebidas de negatividad e intentar centrarnos en las potencialidades reales que cada individuo tiene, de manera que esta actitud sirva de caldo de cultivo para un aumento de sus capacidades efectivas, que le llevarán a un mejor desempeño de la actividad. Si percibimos que los demás creen en nosotros aumentará nuestra confianza para lograr nuestros objetivos. Confiando en las capacidades de los demás, crearemos un feedback positivo, que se reflejará en el resultado y seguridad del otro.

Araceli López Die
Psicóloga
Asociación Esperanza y Vida

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