Taller para padres y madres con hijos de 13 a 15 años

 
Desde el Departamento de Servicios Sociales de Ayuntamiento de Alcoi queremos dar la oportunidad a los padres de realizar un taller para mejorar la relación con hijos adolescentes, poniendo en práctica estrategias y métodos realmente funcionales que permitan el entendimiento y el crecimiento como familia.
Para ello el servicio de la UPCCA (Unidad de Prevención Comunitaria de Conductas Adictivas) y el SEAFI (Servicio Especializado de Atención a la Familia y a la Infancia) han decidido llevar a cabo de manera conjunta esta acción de orientación a las familias del municipio.
El taller consta de las siguientes unidades temáticas, horario de 9.30 a 11.30:
  1. ¿Qué está pasando con mi hij@? – 18 de marzo 
  2. Cómo motivarme, cómo motivarle – 25 de marzo 
  3. ¿Qué sabemos de drogas? – 1 de abril 
  4. Aprendiendo a llegar a acuerdos – 8 de abril 
  5. Que hago con mi hijo cuando… – 15 de abril
Es una actividad gratuita; es necesaria inscripción previa y asistencia a todas las sesiones.


Unitat de Prevenció Comunitaria de Conductes Addictives
Ajuntament d'Alcoi.
Tel. 965537124. Fax. 965537195
upc@alcoi.org

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Cuando hablamos de inteligencia emocional, hablamos de la capacidad de una persona para identificar su propio estado emocional con el fin de gestionarlo y adaptarlo a su vida diaria. 
Hoy en día, es un término que se utiliza mucho para expresar y comprender emociones. Es de gran utilidad para trabajar el autoconocimiento dentro y fuera de la terapia.
Según Daniel Goleman: “La inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía y la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”.
A lo largo de la vida de cada persona, socialmente se nos educa en reprimir las emociones negativas y manifestar las positivas cuando la ocasión lo requiere. Se nos enseña, por ejemplo, que la rabia hay que reprimirla, que los llantos propios de la tristeza hay que sustituirlos por “compostura” o debemos parecer súper héroes cuando el miedo nos paraliza.
Todo ello, hace que en la mayoría de ocasiones en las que nos sentimos enfadados, frustrados, tristes o incluso miedosos, identifiquemos mal nuestras emociones y no seamos capaces de controlarlas de una manera inteligente, sana y racional. 
Las emociones son un conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas que se desencadenan ante un estimulo, según gestionemos la emoción, la respuesta será de un modo u otro, de ahí la importancia del trabajo terapéutico desde la inteligencia emocional.
Dentro de la Inteligencia Emocional, se trabajan unos componentes principales: 
  • Autoconocimiento emocional. 
  • Autocontrol emocional. 
  • Automotivación. 
  • Empatía. 
  • Habilidades sociales. 
Trabajando en estas cinco áreas, conseguiremos adquirir unas características propias de personas emocionalmente inteligentes: 
  • Reconocer los propios sentimientos. 
  • Empatía. 
  • Ser capaz de expresar tanto sentimientos positivos como negativos. 
  • Controlar las emociones. 
  • Capacidad de superación y afrontamiento de la frustración. 
  • Pensamiento positivo. 
En resumen, el trabajo terapéutico desde la inteligencia emocional, ayudará a la persona a entender y controlar sus impulsos y emociones, facilitando de este modo las relaciones comunicativas con los demás.


Cristina Pérez
Psicóloga
Fundación AEPA Alicante

EL CAMBIO DE CONDUCTA. UN BREVE APUNTE DESDE LA COMPLEJIDAD

El cambio de comportamiento, es una de las materias básicas en la psicoterapia en general. Las personas llegan a tratamiento con problemas emocionales, cognitivos o de conducta y se espera que con la intervención terapéutica se produzca un cambio, o una serie de cambios, que permitan resolver o paliar dichos problemas.
Frecuentemente se ha conceptualizado el cambio como un proceso racional y determinista en el cual, las personas obtienen información, consideran los pros y los contras, toman una decisión y hacen un plan de acción de cambio, entendiendo que todo el proceso de cambio está bajo el control de la conciencia (Resnicow y Page, 2008).
De manera consecuente con esta concepción, los modelos estadísticos utilizados asumen exclusivamente relaciones lineales entre los predictores psicosociales y la conducta (el cambio). De manera que grandes (o pequeños) incrementos en conocimientos, actitudes e intenciones, conducen a grandes (o pequeños) cambios de conducta.
Sin embargo, la experiencia nos dice que las cosas no son tan sencillas. Una mirada a un artículo relativamente reciente sobre teorías del cambio de conducta que pueden apoyar las intervenciones realizadas en conductas adictivas (Web, Sniehotta y Michie, 2010) nos muestran diez diferentes teorías o modelos sobre el cambio, teniendo en cuenta que los autores no revisan algunos modelos muy conocidos en el campo de las adicciones, como el modelo Transteórico de Prochaska y DiClemente.
Un modelo científico debería proporcionar, bien una buena descripción de la materia que tratan, o bien dar una coherente, completa o parsimoniosa explicación de los hechos observados. Parece ser que el cambio de conducta no acaba de verse adecuadamente descrito o explicado por ninguno de los modelos propuestos. Es obvio que un modelo, una teoría, no puede pretender explicarlo todo. Es más, si seguimos a Popper, una teoría, para ser científica, debe ser refutable. Pero tanta variedad de modelos indica una enorme variabilidad en las formas de cambiar, entre cómo cambian las personas. Variabilidad que se da, tanto entre una personas y otras, como entre el cambio de una misma persona en momentos temporales distintos.
Es decir, hay gente que cambia un determinado comportamiento de forma lineal, poco a poco va progresando en un plan más o menos establecido, y va cambiando esa conducta, y además pueden explicar cómo ha ido ocurriendo ese cambio. Sin embargo, otros cambian de forma repentina. Sin saber cómo ni por qué, deciden un día cambiar. Es lo que se ha denominado el cambio cuántico.
El cambio cuántico (Miller, 2004) es uno de los fenómenos que ponen en cuestión la concepción del cambio como algo racional y lineal. El cambio cuántico, propuesto para algunos de los cambios que se observan en el problema del abuso de drogas, se presenta como un salto impactante, dramático y repentino hacia un cambio profundo y perdurable. Supone, para quien lo experimenta, una alteración significativa en la forma de percibir a los demás, al mundo y a sí mismo.
Miller distingue dos tipos de cambios cuánticos, las epifanías místicas y las intuiciones repentinas. No entraremos en detallar las diferencias entre ellos, simplemente apuntar que son cambios dramáticos que suponen una experiencia mística para la persona o una repentina intuición de haber encontrado su verdad y ocurren generalmente fuera del razonamiento consciente del individuo.
Siguiendo la propuesta Resnicow y Page (2008) sobre el cambio en relación con la salud, puede ser que “miniepifanías” menos dramáticas, menos místicas, pueden contribuir en la toma de muchas de las decisiones para cambiar la conducta.
Resumiendo, es posible que nos encontremos con personas que, en un momento determinado de sus vidas, estén predispuestas a hacer un cambio de conducta lineal, racional, mientras que otras, en un momento determinado de sus vidas, están más predispuestas a realizar un cambio más cercano a lo que hemos llamado cambio cuántico. Es decir, la disposición al cambio se situaría, en un momento dado, para una persona concreta, en un continuo que iría desde el cambio lineal-racional hasta el caótico-cuántico. Necesitamos, por tanto, un modelo explicativo que integre este continuo entre ambas formas de cambio.
Una posible salida al problema planteado es apoyarnos en el paradigma de la complejidad. Concretamente en la teoría del Caos (sistemas caóticos) y de los sistemas complejos adaptativos, que nos permitirían entender, describir y explicar mejor la variedad intra e interpersonal en los cambios de conducta.
Algunas de las características de los sistemas caóticos y de los sistemas complejos adaptativos son: 
  • Los sistemas caóticos pueden modelarse matemáticamente, pero son casi imposibles de predecir. Es decir, caos no significa absoluto desorden y aleatoriedad. Dentro del caos existen patrones modelables matemáticamente, pero la predicción dentro del sistema sigue siendo difícil. 
  • Los sistemas caóticos son sensibles a las condiciones iniciales. Pequeños cambios en las condiciones iniciales entre dos sucesos, situaciones... puede dar lugar a enormes diferencias en el resultado final. Es el conocido efecto mariposa de Lorenz. Por ejemplo, pocos centímetros de separación entre dos rocas, pueden hacer que el lugar de caída desde la pendiente de una montaña de una y otra roca se distancie muchos metros. 
  • Los sistemas complejos incluyen muchos componentes que interaccionan de manera no lineal. Lo que supone innumerable fuentes de variación que, de nuevo, hace prácticamente imposible la predicción. 
  • Los resultados de los sistemas complejos son, con frecuencia, mayores que la suma de sus componentes. No podemos explicar los resultados solamente por sus componentes. Aunque pudiéramos conocer cada uno de los componentes de una conducta (intenciones, emociones, conductas anteriores, refuerzos...) no se podría predecir el cambio de conducta sólo con el análisis de dichos componentes, el resultado final es algo más que la suma de cada uno de esos componentes. 
Quizá la forma más breve de entender intuitivamente estas propuestas es utilizar un párrafo de Resnicow y Vaughan (2006) sobre el tiempo atmosférico, el sistema caótico por excelencia, en el que, si se sustituye la terminología meteorológica por la conductual, vemos claramente la similaridad entre los dos sistemas. Sustitúyase por las palabras entre paréntesis, la palabra que las precede:
El tiempo atmosférico (cambio de conducta) es un ejemplo de sistema caótico. Para hacer un pronóstico a largo plazo del tiempo (predicciones de cambio de conducta) sería necesario tomar un número infinito de medidas, lo que hace imposible esta tarea. También, dado que la atmósfera (conducta humana) es caótica, pequeñas incertidumbres podrían sobrestimar cualquier cálculo y reducir la precisión del pronóstico. Incluso si fuera posible abarcar completamente la totalidad de la atmósfera terrestre con un enorme conjunto de instrumentos de medida como termómetros, barómetros, anemómetros... (medidas psicológicas, biológicas y ambientales), podrían surgir incertidumbres en las condiciones iniciales, debido a las pequeñas variaciones que pueden existir entre los diferentes grupos de instrumentos. Dado que la atmósfera (conducta humana) es caótica, estas incertidumbres, sin importar lo pequeñas que sean, podrían sobrestimar cualquier cálculo y anular la precisión del pronóstico (predicción).
Este punto de vista supone aceptar lo aleatorio como determinante primordial de la conducta humana. Es decir, como el tiempo atmosférico, algo que podemos predecir con cierta agudeza a corto plazo, pero que pierde mucha precisión conforme vamos ampliando el tiempo de nuestra predicción; algo que podemos modelar matemáticamente, pero que, aún así, se escapa a la predicción. Que además está sujeto a fenómenos emergentes impredecibles y que no puede explicarse solamente por el análisis de sus componentes. El aceptar lo aleatorio como primordial es contrario al pensamiento determinista típico de la sociedad occidental, en el que se tiende a pensar que todo fenómeno tiene que estar causado por algo. Por eso no es de extrañar que requiera una reconceptulización de la forma de entender la conducta entre los profesionales, y que, en un primer momento, genere cierta angustia el hecho de pensar que no está todo bajo control. Esto no significa abandonar completamente la concetualización lineal-racional, sino complementarla. Hay evidencia científica de que una gran parte de las intervenciones que se realizan para cambiar la conducta de las personas funcionan. Es el momento de platearse por qué funcionan, qué es lo que hace cambiar a la gente, para así poder mejorar dichas intervenciones. 
Las posibles implicaciones para la práctica profesional pueden resumirse en la analogía que plantean Resnicow y Vaughan (2006) y que vuelven a recoger y ampliar Resnicow y Page (2008). Dejamos aquí, para terminar, dicha analogía, tomada de Resnicow y Vaughan (2006).
Desde el punto de vista de los sistemas complejos, el papel de las comunicaciones sobre la salud puede ser análogo un montón de pelotas de ping pong dando vueltas en un bombo de lotería. Digamos que cada pelota de ping pong representa una porción de conocimiento, actitud, eficacia o intención. En cada bola hay pegadas unas tiras de velcro, el lado suave. Dentro de la psique humana se hallan pegadas las tiras del lado opuesto, las de la parte dura del velcro, que sirven como potenciales "receptores" de motivación. Algunas de las pelotas de ping pong “motivacionales” pueden haber residido en el sistema durante años, mientras que otras pueden haber sido implantadas más recientemente a través de un programa de educación para la salud, consejo psicológico, o una campaña de divulgación para la salud. En lugar de intentar predecir qué pieza o piezas de motivación pueden “disparar” al individuo, desde la perspectiva del caos, el papel del profesional de la salud es asegurar que las bolas se mantengan girando en diferentes intervalos y velocidades para maximizar las posibilidades de que se adhieran a sus receptores. Cuando se han adherido suficientes bolas, se puede producir un punto de inflexión. Qué bolas o combinación de bolas pueden disparar el interruptor de la motivación, así como cuándo y por qué se pueden pegar, son eventos caóticos que desafían una predicción exacta. Desde una perspectiva no-lineal, el objetivo de los profesionales de la salud puede ser alentar para que el bombo siga girando.
REFERENCIAS:
  • Miller, W. R. (2004), The phenomenon of quantum change. J. Clin. Psychol., 60:453–460. doi:10.1002/jclp.20000 
  • Resnicow, K y Page, S. (2008). Embracing Chaos and Complexity: a quantum change for Public Health. American Journal of Public Health 96:1382-1389. doi:10.2105/AJPH.2007.129460 
  • Resnicow, K y Vaughan, R. (2006). A chaotic view of behavior change: a quantum leap for health promotion. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity. 3:25. doi: 10.1186/1479-5868-3-25. 
  • Webb, T. L., Sniehotta, F. F. and Michie, S. (2010), Using theories of behaviour change to inform interventions for addictive behaviours. Addiction, 105:1879–1892. doi:10.1111/j.1360-0443.2010.03028.x 


Álvaro Botella
Psicólogo Fundación AEPA