"Querer vivir", clave para no engancharse a las drogas

El activista Carlos Muñoz dio una charla el pasado 29 de mayo sobre una de las problemáticas que afectan a la sociedad actual: las drogas. Con su experiencia de ex-drogadicto y ex-preso señaló el drama que supone para muchas personas el mundo de las drogas al que se accede, en la mayor parte de los casos, como una vía de escape frente a problemas de la vida cotidiana o por un rechazo al modelo social imperante. En realidad el consumo de drogas no es la causa, sino el efecto de otros problemas que, en su opinión, sólo con el cambio social se evitarían. Un primer paso sería un socialismo democrático real, que está aún a varias generaciones de ser alcanzado, y más lejos aún de una sociedad sin estado, que es en buena medida responsable del problema. Porque la cruda realidad es que el mundo actual, con la colaboración expresa o tácita de ese estado, inducen ese consumo que sirve como control de masas. Una población drogada es más difícil que luche contra el sistema que una sana. Y el sistema, en el mundo actual, donde las personas son conducidas a la infelicidad a través del consumo capitalista, es el caldo de cultivo perfecto para acabar en las drogas.
Asimismo abordó las consecuencias más dramáticas que la adicción conlleva: la destrucción de la persona, con graves daños psíquicos pero también físicos, y en ocasiones las penas de prisión. Efectivamente, el coste de ciertas drogas no es asumible por buena parte de los drogodependientes, lo que conduce a una delincuencia que finaliza en muchas ocasiones con penas de prisión, de cumplimiento efectivo. De su paso por prisión, adonde fue a parar precisamente por su adicción a varias sustancias, recuerda la poca efectividad que en el tratamiento de los presos tiene el sistema carcelario actual, donde el consumo prosigue, si bien con las dificultades añadidas de estar privado de libertad.
En cuanto a las terapias de reinserción señaló que sólo son efectivas cuando la persona realmente quiere dejar las drogas y además se afronta el problema que está detrás, el que les ha conducido a depender de unas sustancias que consumidas ocasionalmente no son dañinas. No más al menos que el alcohol o el tabaco que, pese a no tener el agravante de que al consumidor se le considere un "yonki", producen en caso de adicción severa daños similares a las llamadas drogas duras o blandas. De ahí que insistiera varias veces a lo largo de la charla en la intensidad del consumo. Probar una droga no lo convierte a uno en drogadicto. Depender de ella, sea cual fuere (cocaína, heroína, alcohol, tabaco, hachís, drogas de diseño etc.), sí.
La clave está en "querer vivir". Levantarse cada día con esas ganas es lo que impide el refugio que suponen las drogas. Refugio temporal que no soluciona ningún problema y sólo contribuye a agravarlos cuando se convierte en adicción: destroza las relaciones familiares, laborales e incluso las sociales.

Finalmente respondió a varias cuestiones planteadas por el público asistente. Entre ellas y sobre la cuestión de la legalización de las drogas dejó claro que de producirse serviría para abaratarlas, garantizando asimismo una cierta calidad, pero se mostró cauto a la hora de la distribución. En caso de ser legalizadas no deben estar al alcance de cualquiera, puesto que sólo una sociedad muy madura tiene la capacidad para acceder a ellas de forma puntual sin engancharse. En cualquier caso, los beneficios económicos derivados de su posible legalización deberían ser destinados no a engordar las arcas públicas, sino al tratamiento de los afectados.

Fuente: Tercera información

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